google.com, pub-2882093568317881, DIRECT, f08c47fec0942fa0 Paraguay way: #Mitología google.com, pub-2882093568317881, DIRECT, f08c47fec0942fa0 google.com, pub-2882093568317881, DIRECT, f08c47fec0942fa0
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Leyendas del Ñandutí y el Girasol: 3 primeros videolibros paraguayos en formatos inclusivos.


Los cuentos poseen el texto original en Lengua Española escrita, y los 3 materiales cuentan con subtítulos, voz en off e imágenes animadas. Asimismo, los dos cuentos escogidos se encuentran en una versión de la lengua guaraní, y narran dos leyendas propias de la cultura y tradición paraguaya.




El proyecto de video-libros en formato inclusivo pretende que las niñas y los niños con diferentes tipos de discapacidad accedan al mundo de la lectura a través de cuentos y libros leídos y adaptados con tecnología y calidad, en todos los formatos, accesibles para todos, sin discriminación en Paraguay.

Las imágenes acompañadas de textos y de la interpretación en lengua de señas cuentan “La leyenda del girasol” y “La leyenda del ñandutí”, dos historias que reflejan la cultura local.




La presentación del material tuvo lugar ante una sala repleta y contó con la participación de la Viceministra de Educación para la Gestión Educativa, Miryam Melo; la Ministra de la Secretaría Nacional por los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad (SENADIS), Rocío Florentín; la representante de UNICEF en el país, Rosa Elcarte, así como de niñas, niños, familiares y docentes de distintas comunidades educativas y de distintas organizaciones de personas con discapacidad.
También se presentó una versión de la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad.



El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Paraguay propicia la realización de los video-libros educativos, que incorporan adaptaciones a las características socio lingüísticas de la comunidad sorda. Los materiales fueron traducidos del español escrito por intérpretes de Lengua de Señas y adaptados e interpretados a la Lengua de Señas Paraguaya por narradores sordos.

Por primera vez en su vida, niñas y niñas paraguayos con discapacidad tuvieron acceso a cuentos en formato de video-libro inclusivo. Foto: UNICEF (Gentileza).

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Paraguay recibió octubre con el "jopará", su guiso antídoto contra la miseria y el "Karai Octubre".


Una mezcla de poroto y locro es la receta básica del "jopará", el guiso con el que los paraguayos reciben cada año al mes de octubre y que consumen a modo de pócima para espantar al "Karai Octubre", un temible personaje mitológico que atrae la miseria y el hambre, según la tradición popular.



Una mezcla de poroto y locro es la receta básica del "jopará", el guiso con el que los paraguayos reciben cada año al mes de octubre y que consumen a modo de pócima para espantar al "Karai Octubre", un temible personaje mitológico que atrae la miseria y el hambre, según la tradición popular.
Caracterizado como un hombre vestido con harapos, con el rostro oculto bajo un gran sombrero de paja, cargado con un hatillo de ropa y apoyado sobre su bastón, la leyenda dice que el "Karai Octubre" ("Señor Octubre", en guaraní) ronda las cocinas de las casas de los campesinos a comienzos del mes para comprobar si tienen o no suficientes provisiones.
"Si encuentra la olla vacía o con poca comida, lanza una maldición que condena a las familias a cinco meses de hambre, hasta el mes de marzo", explicó a Efe Salvador Giménez, que hoy se encargó de representar al "Karai Octubre".
Giménez recorrió la céntrica Plaza Uruguaya de Asunción huyendo de una anciana que perseguía al "Karai" para ahuyentarle con un látigo de cuero en una mano y un gran cigarro envuelto en hojas en la otra.
"Estoy acá para espantar al 'Karai', no queremos que se acerque, porque acá no tenemos necesidades. Acá hay abundancia", dijo a Efe la anciana, madre de Giménez.
Para exhibir esa abundancia, cuatro enormes ollas humearon desde media mañana en el centro de la plaza, cada una de ellas conteniendo un tipo diferente de "jopará", palabra que en guaraní significa "mezcla", y que sirve para designar el guiso a base de locro (maíz blanco) y porotos.
"Tenemos el jopará kesú, el único que no lleva carne, sino que se mezcla con verduras y queso. También está el jopará so'o, con carne, normalmente de vaca, y el kuré jopará, que lleva carne de cerdo. Pero el "auténtico jopará", el jopará ité, contiene carne de vaca, cerdo y pollo", enumeró a Efe Clemente Cáceres, uno de los cocineros instalados hoy en la plaza.
Los platos se sirven acompañados de la tradicional sopa paraguaya, elaborada con maíz, la mandioca básica en la gastronomía local, e incluso reforzados con el "chorizo misionero" típico de la región de Misiones, al sur del país.
Según Cáceres, el temor al mes de octubre y su asociación con la escasez y la hambruna proviene de los tiempos en que los conquistadores españoles llegaron a Paraguay e instalaron el sistema de monocultivos de productos, opuesto al régimen de caza, pesca y recolección en el que vivían los indígenas.
El despilfarro, el clima adverso, la haraganería o la mala planificación de las cosechas y del almacenamiento de provisiones hacían que a la altura del mes de octubre muchas familias quedaran sin alimentos hasta la nueva cosecha, que era en el mes de marzo, al terminar el verano, y por eso se dice que la maldición del Karai Octubre dura cinco meses, detalló el cocinero.
Relató además que, en épocas especialmente duras para el país, como los años tras la Guerra contra la Triple Alianza (1864-1870), que enfrentó a Paraguay contra Argentina, Uruguay y Brasil y dejó al país devastado, el "jopará" se afianzó con las reuniones en las que las familias ponían en común los alimentos de los que disponían para preparar un plato con todos ellos.
A inicios del siglo XX, los migrantes europeos introdujeron nuevas formas de planificar las cosechas, por lo que la fobia al mes de octubre se diluyó, al tener los campesinos con qué abastecerse durante la primavera y el verano.
"Hoy en día ya no necesitamos tanto del Karai, pero durante más de quinientos años fue el personaje que amedrentó a los campesinos y les forzó a producir más y a distribuir mejor sus provisiones", aseguró Cáceres.
Fieles a la tradición y desafiando a los malos augurios, decenas de personas llenaron platos y fiambreras con el humeante guiso, pese al húmedo calor del mediodía de inicios de la primavera en Asunción.
© EFE 2015

#Mitología del Paraguay: Kaá-Yarí la dueña de los Yerbatales

Dibujo de Viviana Mendez, Artista Plásica

La Ilex Paraguariense  o Yerba Mate es un arbusto nativo que crece de manera espontánea en los montes de nuestra tierra. Los sabios guaraníes, quienes siempre se manifestaron como profundos conocedores de la selva y en especial de las propiedades de las distintas plantas que ahí encontraban. No es de extrañar que supieran aprovechar desde tiempos ancestrales a la yerba mate, tomando sus hojas secas y molidas con agua, para aprovechar sus propiedades estimulantes. 

Tan habilidosos como eran para desentrañar las propiedades de las más diversas plantas, fueron también excelentes narradores, transmitiendo, siempre de manera oral, sus maravillosos mitos y leyendas. Dentro de la mitología guaraní existen numerosos mitos que explican el origen de ciertas plantas, y entre ellas no podía faltar la leyenda de una de sus plantas más apreciadas: la yerba mate.

Cuentan los guaraníes, eternos nómadas de nuestras tierras, que en una de sus migraciones un anciano de nombre Yar no se sintió con la suficiente fuerza como para poder seguir a su pueblo y decidió quedarse. Su hija Yarí se negó a abandonarlo y se quedaron juntos. Una tardecita apareció un ser sobrenatural de extraña apariencia y vestimenta. A pesar de estar inicialmente asustados frente a este ser de rara piel, padre e hija lo recibieron con la hospitalidad tan característica de su pueblo y de manera desinteresada le dieron los pocos alimentos que tenían y le cobijaron en su humilde vivienda. Había sido que el extraño ser había sido enviado por Tupá para ofrecerles un regalo. El regalo era una planta que tenía el poder mágico de proveer siempre de los medios necesarios para poder recibir y atender a sus visitantes y que además los ayudaría a tolerar el largo periodo de aislamiento de su tribu. Además convirtió a Yar y Yarí, respectivamente, en la diosa y el custodio de la nueva planta. Así, la yerba mate empezó a crecer en la selva y con ella Yar y Yarí pudieron preparar una bebida estimulante que hoy conocemos como tereré y es todo un símbolo de la hospitalidad paraguaya, y sobre todo de la tradición del compartir.

La planta crecía de manera espontánea, por lo que los guaraníes no la plantaban, limitándose a recolectarla del monte. Durante siglos se mantuvo esta tradición y si bien los jesuitas llegaron a cultivarla con éxito hacia mediados del siglo XVII en sus misiones, al ser expulsados del Paraguay los colonos siguieron usando el método tradicional de extraer las hojas de yerbales silvestres. Pero cabe recalcar que esta tarea no era fácil ya que no era nada fácil encontrar un yerbal lo suficientemente extenso para no agotarse rápidamente. Por eso, los recolectores de la yerba, por lo general indígenas y mestizos, eran llamados mineros por la difícil tarea de encontrar el oro verde. 


Esto llevó al origen de otra leyenda. Cuenta la leyenda, que los mineros hacían un pacto con Kaá Yarí, la diosa de la yerba mate, para asegurar el éxito de su recolección de la yerba silvestre.  Hacían una especie voto de vivir siempre en los montes y de no estar con ninguna mujer que no fuese Kaá Yarí. Los mineros antes de internarse al monte dejaban bajo una mata de yerba un papelito doblado con su nombre y una fecha determinada. En esa fecha la diosa, para ponerlo a prueba lanzaba contra él todos los peligros de la selva: jaguaretés, víboras, jabalíes e insectos venenosos. Al pasar la prueba recibía el premio de poder ver a Ka’a Yarí, quien le daba sus valiosas hojas y se hacía visible sólo para él, manteniéndose invisible para todos los demás.


#Mitología del Paraguay: Jasy-Jatere

Es también un antiguo, muy difundido y popular mito guaraní. A Jasy Jatere (fragmento de luna,) se lo considera el Cupido guaraní y portador de la fecundidad.

Es el genio de la siesta, un Cupido o Eros travieso, dice Natalicio González. Es un niño hermoso, pequeño, desnudo, rubio, de cabellos dorados y ondulados, portador de un bastoncito de oro, a modo de vara mágica, fuente de su poder mágico de atracción, que nunca abandona, y de un silbato (Variante: algunos dicen que simplemente silba) con el que imita el canto de un pájaro (o lanza un silbido rítmico); vive en el bosque. Jasy Jatere anda suelto durante la siesta, especialmente en la época del avatiky (,choclo o maíz tierno) que gusta comer.

Se cree que vive en huecos de troncos de grandes árboles del bosque. A. -de W. Bertoni identificó el silbido rítmico del Jasy Jatere con el de un cuclillo raro que vive -en el bosque, obscuro, de pecho blanco, el Geophillus Jasy Jatere; vive en la hojarasca y duerme en lo alto de los árboles. En Brasil es el guyra-paje(pájaro-paje o hechicero), el Cucullus Cayanus, identificado por Barbosa Rodrigues.

El Jasy Jatere atrae a los niños con su silbato o tocándolos con su bastón (Variante: se dice, también, que es ventrílocuo, y de ello se vale para atraerlos). Los rapta y los lleva al bosque donde los retiene durante algún tiempo, los alimenta con miel silvestre y frutas, juega con ellos y al fin los suelta o los deja enredados en ysypo (liana), pero los niños ya se han vuelto tontos o idiotas (tavy: akã tavy), mudos (ñe' engu) o sordomudos; se recuperan después de un cierto tiempo. Se dice, también, que cuando Jasy Jatere, como muestra de afecto besa al chico en la boca, es cuando éste se vuelve tonto y mudo, y entonces lo abandona.

En algunos lugares, la gente cree que en el aniversario del rapto por el Jasy Jatere el niño tiene un "ataque" con convulsiones (epilepsia).
Para ganar la amistad de Jasy Jatere nuestra gente acostumbra dejar un peco de tabaco (?) en los alrededores de la casa o en las sendas de entradas al bosque.
Las madres suelen amedrentar a los niños con el Jasy Jatere, para no escapar de casa durante las siestas, andar por la capuera o el monte a hacer sus diabluras, bañarse en aguas sucias, subirse a los árboles, jugar con hondita y bodoques o municiones, o con "matagatos", en fin, para no andar "cabezudeando" durante las siestas.
Cuando Jasy Jatere pierde su bastoncillo y su silbato se vuelve inofensivo, porque perdió su poder mágico. Se cree, también, que una manera de apoderarse de esos símbolos de su poder, es embriagándolo, pues gusta de beber.

Jasy - Luna / La gran inspiradora de la cultura guaraní

#Mitología del Paraguay: MALA VISION

Según el más popular de los diccionarios de Guaraní que se pueden conseguir en Paraguay, Malavisión es un Alma en pena que se aparece al anochecer. Luz mala que persigue al caminante o al jinete solitario. También se muestra como un espectro alargado, un torbellino de humo entre las ramas y un silbido largo o grito agudo.

La foto que vemos a la derecha corresponde al Museo Mitológico Ramón Elías.

Según la tradición, las personas que no han sido salvadas o fueron muy malos en vida, se transforman en este espectro y necesitan tocar o lamer la frente de las personas que se le cruzan para poder salvarse. Así, el que es tocado salva al espectro y él se convierte en Malavisión, o se vuelve loco.

Otra versión de la leyenda, Mala Visión fue una bellísima mujer enloquecida por los celos, que cierta noche asesinó a su marido y arrojó su cadáver a una caverna cubriéndolo de ardientes brasas hasta cremar totalmente su cuerpo por creer que mantenía relaciones con otras mujeres.
En la séptima noche luego del acontecimiento, entre relámpagos, arrojando chispas, el cadáver del marido se presentó ante la mujer que cayó muerta de espanto. Desde ese día el alma en pena de la mujer transita por cañadas y montes en noches tormentosas lanzando un grito lastimero y espeluznante. Mala Visión se presenta como el espíritu de una hermosa mujer vestida de blanco, alta y deformada envuelta en un velo transparente echando chispas.



#Mitología del Paraguay: Ao Ao (monstruo con piel de oveja)

(Museo Mitológico Ramón Elías)

En la mitología guaraní, monstruo con piel de oveja, garras y cabeza de oso. Habita los cerros en grandes manadas, persigue y devora a los seres humanos. En vano resulta ponerse a salvo trepando a un árbol, pues estos engendros, al grito de ¡ao, ao! cavan las raíces para derribar a sus víctimas. Sólo aquel consigue trepar a una palmera o pindó (árbol sagrado) podrá salir vivo.
La denominación de Aó-Aó es de origen onomatopéyico. La tendencia agudizante carga la emisión tónica en la partícula final. Trocándola logramos reconstruir el eco de un lejano ladrido -el que proferían estos seudo duendes- según la versión del mitogénesis. Pero también Aó-Aó refiere a un ser vestido, excesivamente cubierto. La relación dice parecer una oveja. El nombre tanto acomoda a la onomatopeya como a la pelambre. El animal existe en la realidad zoológica, según afirman serios investigadores. En todo el país y los de habla Guaraní, este animal es conocido como ovechá-caaguy. Aún debe procederse a su clasificación científica en la fauna de la América mesopotámica, especialmente en Paraguay.
            Se han ocupado de este raro espécimen Moisés Bertoni y León Cadogan, diciendo este último que aún devora personas entre las piedras del Yvytyrusú. Es comprensible que aún no se haya logrado echar mano a este animal peregrino, la bestia ignota del solar Guaraní. Saben de él los Chulupí y los Mby'á de las selvas del Monday y Mbaracayú.

#Mitología del Paraguay: ka'aguy póra (Fantasma del Bosque, en Guaraní)

PROTEGE A LOS ÁRBOLES Y LOS MORADORES DE LA SELVA,

CASTIGA A LOS DEPREDADORES Y CAZADORES DESALMADOS.


KA’AGUY PÓRA es un duende benigno, es como el ángel tutelar de los bosques centenarios. Tupã, espíritu poderoso de bondad infinita con la raza guaraní, le envió un protector de las selvas, de los ríos, de los árboles, de los pájaros y de todos los animales.

KA’AGUY PÓRA tiene la facilidad de transformarse en un árbol muy especial, distinguiéndose de cualquier otra especie. Su misión es proteger a los árboles y a todos los moradores de la región selvática, contra los depredadores de los bosques, y a los animales, de los cazadores desalmados, que andan por las selvas echando inútilmente árboles y tratando de matar las bestias sin razón alguna.

KA’AGUY PÓRA también castiga implacablemente a los enemigos de la naturaleza, a los depredadores de los bosques y perseguidores injustos de los animales silvestres. Asimismo, forma amistad con las personas que aman sinceramente las selvas y a los animales del monte.

KA’AGUY PÓRA tiene un solo ojo en la frente que ilumina como luciérnaga la noche guaraní; y posee tres prominencias como afiladas púas que son sus dientes macizos. Así realizó don Ramón Elías la bella escultura de KA’AGUY PÓRA.

Un Cuento:

Un grupo de hombres a caballo avanza por el monte. Van contando sus hazañas y, chacoteando, se tientan unos a otros. Para quien los observa desde el follaje es claro que estos hombres están bajo el picante efecto de la caña. Han bebido y se han largado al monte en busca de presas. Lo hacen para competir entre ellos. Quien logre la pieza mayor se quedará con la gloria por un momento. Los otros deberán esperar una nueva oportunidad.

Armados de grandes escopetas avanzan por el monte. Los caballos se muestran inquietos. Presienten algo malo.

Los hombres se detienen en un claro y rodeados de sus perros, dejan sus cabalgaduras y parten a pie entre el chircal. Buscan venados, chanchos salvajes, tapires…Cualquier animal que pueda ser cazado y les de ese momento de supremací a que tanto ansí an.

El monte los mira con recelo. Con sus pequeños ojos de gigante sigue cada paso que dan. En el poblado, otro grupo de hombres se dedica a seguir los caminos del alcohol y esperan la vuelta de sus compañeros. Han prometido volver cuando baje el sol con las presas atadas a sus caballos. Desde lejos se sabrá quién trae la mayor por la polvareda que levantará. Ladran los perros y olfatean el aire. Han detectado algún animal.

Corren los perros. Todos en una misma dirección. Los hombres, achispados, siguen los pasos de los canes cazadores con las escopetas listas. De pronto los ladridos cesan. Los hombres detienen el paso, esperan. Los perros comienzan a chillar como si alguien los estuviera apaleando. Los hombres quedan como postes, clavados al suelo. En su borrachera entienden que algo grave está por ocurrir. Los perros, efectivamente, regresan dando chillidos lastimeros. Se acurrucan a los pies de los cazadores buscando protección. Uno de los hombres envalentonando a los demás grita:
Debe ser una manada de chanchos salvajes. Vamos a cazarlos. Y los demás siguen los pasos de quien se ha convertido en adalid. Corren hacia la arboleda de donde vinieron los perros.

Rodiémoslosâ, dice el lí der, y los hombres se esparcen formando un semicí rculo. Son cazadores expertos. Muchas veces han entrado en el monte a y han vuelto con buenas piezas. Muchas veces han enfrentado el peligro de los tigres que aparecen de improviso saltando desde los árboles y de las serpientes que nunca se sabe de dónde aparecen. Ahora entran en la arboleda cerrada por numerosas lianas y helechos gigantes.

El bosque los mira. Allí están, dice el lí der, y alza su escopeta para disparar sobre un chancho enorme que le viene a torear de frente. Suena el disparo, potente y seco. Retumba largamente con un largo chiflido por todo el monte. El animal cae y comienza un berrinche agónico que los hombres festejan con risotadas. Los otros chanchos de la manada huyen hacia otro sitio más espeso.

Difí cil que puedan superarme. Es el más grande de la manada, dice el lí der de los cazadores. Bromas y chacota están en la punta de la lengua de los otros. Todo es algarabí a. El cazador pela de su cintura un gran cuchillo y mirando a los ojos del animal le produce un gran corte a la altura del cuello. El chorro de sangre salta bañándole el pecho y los otros festejan con ruidosos sapukái.

El cazador ata las patas delanteras del chancho con una cuerda y ata la cuerda a un árbol cercano. Para que no se lo lleve el Kaaguy Póra, dice malicioso tentando a los otros. Rí en los cazadores. Todos. Todos, excepto uno. El más viejo mueve la cabeza negando y murmulla para sí . Lo ha convocado dice el viejo, pero nadie lo escucha.
Vamos a buscar a los otros, dice uno de los cazadores.

Y la cacerí a se reinicia. La manada que se encontraba cerca de allí observando a los hombres desde la espesura, corre alocada hacia otro sitio. Los hombres vuelven a hacer un rodeo.

La caza ha continuado y varias son las presas que traen arrastrando con cuerdas. Tácitamente, el lugar donde fue cobrada la primera pieza ha quedado designado como el lugar de encuentro. Hacia allí marchan los cazadores. Ninguno ha podido cazar un animal más grande que el primero y todos vienen hablando del tema.

Cuando llegan al sitio, no encuentran al gran chancho. Kaaguy Póra dice el viejo entre dientes. Los hombres, azorados, no saben qué decir. Me robaron la presa grita el que en un momento se erigió en lí der del grupo. Obnubilado por el alcohol y la sangre el hombre busca un culpable. Ese fuiste vos, viejo, grita el hombre. Kaaguy Póra vuelve a decir el viejo entre dientes. Ahora entiendo, cuando desapareciste fue para robarme la pieza. ¿Dónde la pusiste? increpa al hombre. Estamos cazando sin necesidad, dice el viejo. Eso no te da derecho insiste el hombre sacando amenazadoramente su cuchillo por segunda vez en el dí a. El viejo no se defiende. Un rugido terrible se escucha en el monte. Los hombres quedan paralizados, pues de inmediato y detrás del cazador que amenaza al viejo un gigante de cinco metros de altura aparece haciendo a un lado los árboles. En su enorme cabeza los ojos fulgurantes hipnotizan a los cazadores. Kaaguy Póra dice el viejo entre dientes y es lo único que seguirá diciendo por el resto de sus dí as.

Agita su salvaje crin el gigante y una especie de pipa hecha con una calavera que lleva en su mano. Ruge furioso el monstruo y se abalanza sobre los hombres. En vano esperaron en el poblado la vuelta de los cazadores a la puesta del sol. Los hombres siguieron bebiendo hasta caer en un profundo sueño.

Al dí a siguiente, preocupados y sobrios, los hombres del poblado se organizan para salir a buscar a los cazadores perdidos. Los más optimistas dicen que no vale la pena. Que pronto volverán. Que se habrán quedado en el monte para cobrar más piezas. Pero algunos temen. El monte es peligroso.

Ninguno sabe que todos los preparativos serán inútiles. Por el camino se acerca un hombre de a pie. Es el viejo.
Es el único sobreviviente.
Delira y repite en su extraví o: Kaaguy Póra.
Los hombres del poblado lo rodean pidiendo explicaciones sobre los demás cazadores. Pero el viejo parece saber sólo dos palabras: Kaaguy Póra. Una y otra vez contesta el viejo Kaaguy Póra. Hasta que al fin los hombres entienden. Conocedores de la leyenda y temerosos de internarse en el monte dejan al viejo en paz. Kaaguy Póra le ha perdonado la vida pero le ha quitado el juicio.
Contado por egonzalez

#Mitología del Paraguay: La Magdalena (Música maldita)

Créase o no, hay cosas que no tienen explicación aparente; cosas o sucesos que entran en el plano del misterio, de lo insondable. Ese es el caso de una canción muy popular hace poco más de un siglo, llamada La Magdalena, y que era muy ejecutada a pedido de los asistentes a las fiestas. Cuentan que, con el tiempo, cada vez que se ejecutaba la canción, les sucedían hechos muy extraños, rayanos a lo macabro, a los músicos que osaban interpretarla, que incluso, en un momento dado, la propia Iglesia católica prohibió su difusión, por considerarla perniciosa.

Una anécdota al respecto la recogió el musicólogo Juan Max Boettner:

Carta de Pablo Pedro Maldonado al Dr. Juan Max Boettner (xx) 
 Cuenta Pablo Pedro Maldonado (237) que existía una polca de autor desconocido, llamada La Magdalena, considerada ”maléfica”, tanto que ningún músico quería tocarla. Refiere lo siguiente nuestro informante:
 ”Unos compañeros míos venían de vuelta de tocar en un baile un poco alegre y encontraron en el camino un grupo de cruces y resolvieron darle una serenata a esos seres. Empezaron a tocar ”La Magdalena”; así estaban cuando notaron la presencia de una mujer que venía llorando. Con gran desconsuelo les pidió que fueran a tocar en su  casa, pues se le había muerto su hijito. Ellos accedieron y la mujer caminando adelante los guiaba. Cuando, sin darse cuenta, se encontraron en las puertas del cementerio El Mangrullo. Había desaparecido la mujer. Esto pasó al violinista Isidro Benítez, jurando desde entonces no tocar más La Magdalena”.

(xx) Del libro Música y Músicos del Paraguay, del Dr. Juan Max Boettner. Este libro fue editado por primera  vez por Autores Paraguayos Asociados (APA) -1956-;y reeditado por la Revista Paraguaya FA-RE-MI, en l997.

#Mitología del Paraguay: Luisón (Luisõ)

Luisón es el séptimo y último hijo de Taú y Keraná, sobre él cayó la mayor maldición que pesaba sobre sus progenitores. Su sólo nombre aterroriza. Este ser espeluznante se halla ubicado en la encrucijada de los caminos de la vida y de la muerte. Como puede exornar el ánima en sus andares, es el monstruo más temido y aborrecido de los engendros malditos.
Otros mitos emparentados traen justicia y venganza, castigos a los que se exceden; protegen la flora y la fauna; otros devoran hombres y mujeres, otros roban niños, silban y merodean. Luisón daña más que todos estos penantes. Hace imposible la vida del más allá. juega con el destino del alma, que se vuelve irredimible una vez que él interviene en el colmo de su obrar maléfico, Por eso es tan temido.
Se dice que los días viernes y los martes también al comenzar las sombras de la noche a adueñarse de pueblos y comarcas en su avance penumbroso, Luisón pierde sus formas humanas para transformarse en un perro de horrible aspecto, quizá un lobo de dientes afilados y de diabólico intento que busca los cementerios para revolcarse encima de los cadáveres y alimentarse de ellos. A la media noche, con ojos relampagueantes sale en busca de seres humanos para convertirlos en otros malditos luisones, lo que logra asustándolos y pasando por debajo de las piernas de los hombres que sorprenden en su maléfico paseo nocturno. A veces jaurías de perros lo persiguen y ladran sin acercársele. Un olor nauseabundo le acompaña, su aspecto hiela la sangre en las venas y enloquece a los hombres que se dejan sorprender.
Su andar termina al clarear el nuevo día, retornando sus humanas formas regresa a sus ocupaciones, donde se lo ve sucio, cansado, esquivo, de mirar doliente y melena desgreñada. Las gentes no saben si tenerle lástima o sentir repulsión ante la duda hiriente de que sea o no Luisón.
Es similar el caso de los vampiros, al presentirlo todos se santiguan y callan. Es el hombre lobo temible y de hábito atroz, capaz de hacer perder al hombre su condición humana transformándolo en penante bestia y demonio. Devora la carne de los muertos y el alma de los vivos. No conocen los Guaraníes mayor desgracia que ésta, por eso huyen de él.
Dice la mitoreferencia que al nacer Luisón brilló en los cielos la conformación de estrellas conocidas como Las Siete Cabrillas en señal de que la maldición que afligía a Taú y Keraná había cesado, Según la Mitología Guaraní [de Rosicrán] este monstruo y sus seis hermanos deambulan sobre la tierra.
En diversos países, incluso India, y los de Europa, este supuesto es conocido.
Fuente: Tomás L. Micó: Mitos y leyendas del Paraguay

#Mitología del Paraguay: El Pombero

"El Pombero es uno de los genios de la naturaleza más difundidos en la región guaranítica. También ha variado diversificándose la creencia popular que lo explica y la concibe. La más antigua noticia que tenemos del Pombero es la del genio protector de los pájaros en la selva, que se presentaba a los niños cazadores como un hombre muy alto y delgado."

"Las versiones modernas, en general, lo dan como a un hombre bajo y retacón que puede perjudicar, pero que puede hacerse amigo de los campesinos que le ofrecen tabaco y algún alimento, y en ese caso les hace grandes servicios."

"Es común a la tradición popular del Paraguay. Su nombre guaraní es Cuarahú-Yara; la traducción de este nombre es Dueño del Sol, común en la Argentina, como sinónimo de Pombero." (Extraido del libro de Berta Vidal de Battini)

Jorge Martínez, por su parte señala que "En la sociedad paraguaya y guaraní, el Pombero tiene una significación mayor: él es el responsable del nacimiento de los niños extramatrimoniales, visto desde el lado "occidental". El relato de cualquier paraguayo es que el Pombero llega de noche a la casa donde existen mujeres solas, y que si ellas no les dan un cigarrillo y un poco de vino, con sólo tocarles el vientre las embarazan. Es por eso que en una canción popular, como es María va, se dice Temor pombero, cual madre espero... "
En mis visitas al Paraguay, y durante mi estancia en la campaña, tuve noticias de apariciones del Pombero. Por suerte, la cosa no pasó a mayores; pero metió miedo.
Este es un tema que pocos se toman a broma en Paraguay....

#Mitología del Paraguay: Moñái (Monstruo legendario de la cultura guaraní)

Este ser tenía el cuerpo de una enorme serpiente con dos cuernos rectos e iridiscentes que funcionan como antenas.
Sus dominios son los campos abiertos. Puede subir a los árboles con gran facilidad y se descuelga de ellos para cazar a las aves con las que se alimenta y a quienes domina con el hipnótico poder de sus antenas. Es por ello que también se dice que es el señor del aire.
Moñái era aficionado al robo y ocultaba todos las productos de sus fechorías en una cueva. Los continuos robos y saqueo de las aldeas provocaban gran discordia entre la gente que se acusaba mutuamente por los robos y las misteriosas "desapariciones" de sus pertenencias.
Reunidos en una asamblea deciden que poner fin a las fechorías de Moñái y sus hermanos. La hermosa doncella Porasy se ofrece a llevar a cabo dicha misión. Para ello convence aMoñái de que se ha enamorado de él y que antes de celebrar sus nupcias quiere conocer a sus hermanos.
Moñái la deja al cuidado de Teyú Yaguá y parte a buscar al resto de sus hermanos: Mbói Tu'iYasi YateréKurupíLuisón y Ao Ao. Cuando por fin los trae consigo, comienzan los rituales de la boda. La caña circula entre los hermanos a raudales. Pronto éstos están completamente ebrios. En ese momento Porasy trata de ganar la salida de la cueva que estaba tapiada con una enorme piedra.
Moñái advierte el movimiento y saliendo de la penumbra envuelve con su cuerpo de serpiente el cuerpo de la doncella tirándola nuevamente al fondo de la caverna. Porasy alcanza a dar la voz de alarma a su gente que la estaba esperando afuera y sabiéndose perdida les ordena que quemen la cueva, aún con ella adentro.
En recompensa al sacrificio de Porasy, los dioses elevan su alma convertida en un punto de luz pequeño pero intenso. Desde entonces los dioses destinan al espíritu de Porasy de alumbrar la aurora.

#Mitología de Paraguay: Mbói Tu'ĩ


Desde antaño, se cuenta que en la selva de Tobatí, cerca del cerro Cavaju, existía una víbora de tamaño muy grande con una cabeza semejante a la del loro. Se decía que este monstruo se arrastraba por la tierra y también podía volar a baja altura.

Es el temible MBÓI TU’Ĩ segundo hijo de TAU y KERANA.

Vivía entre rocas y peñascos, pero su real dominio se extendía por los grandes esteros.

No obstante su temible presencia, los estudiosos afirman que MBÓI TU’Ĩ es protector de los animales acuáticos, del rocío, de la humedad y de las flores.

Esta colosal víbora-loro se alimentaba solamente de fruta y del rocío.

Don Ramón Elías, luego de recorrer diversas localidades del interior y estudiar afanosamente las leyendas de nuestra tierra, modeló la estampa del MBÓI TU’Ĩ, que actualmente adorna el Museo Mitológico de Capiatá.


Etimología

Mbói Tu'i se traduce literalmente por "víbora-loro", lo que describe la morfología de esta criatura. tiene dos patas hacia la cintura, cabeza de loro, y cuerpo de serpiente.

Mitología extendida

Este ser tenía la forma de una enorme serpiente con una gran cabeza de loro y un pico descomunal. Tenía una lengua bífida roja como la sangre. Su piel es escamosa y veteada. Su cabeza está emplumada. Tiene una mirada maléfica con la que asusta a todo aquel que tiene la mala suerte de encontrarse con él.
Ronda por los esteros y protege a los anfibios. Adora la humedad y las flores. Lanza terribles y potentes graznidos que se escuchan desde lejos y provocan terror en las personas que lo oyen.
Se lo considera el protector de los animales acuáticos y los humedales.

Historia

Mboi-Tuí era un hermoso loro que habitaba en la tierra sin mal -versión Guaraní del paraíso- que tenía una sola entrada celosamente guardada por Rupave. A este recinto de la vida inocente, tenía acceso Mboi Tuí, conociendo un sendero secreto de arribo. Algunos Malucos o "mamelucos" hicieron beber miel lechiguana a este loro, emborrachándolo, por lo que se puso a hablar mucho, dando a conocer la senda secreta de la tierra sin mal, por la cual pudieron colarse los malvados; Cuando Rupavé se dió cuenta de la entrada de extraños al paraíso Guaraní donde abundaban las frutas, halló a este loro totalmente ebrio hablando sin cesar. Entonces, conociendo que él era el culpable, lo maldijo, condenándolo a perder la facultad de volar, sus alas atrofiadas convirtiéndose en patas; el parlero se convirtió en un reptil, una serpiente con pico de loro, siendo su alimentación en adelante los frutos de la naranja agria, conocidas en Guaraní como Apepú.

#Mitología del Paraguay: TEJU JAGUA

Representación de en el Museo Mitológico Ramón Elías

Este era un gigantesco lagarto con cabeza de perro que merodeaba -según el mito original- en torno al cerro Yaguarón, estando su guarida y merendero en uno de los abismos del lugar. Algunas versiones -incluso Rosicrán- le conceden siete cabezas. La versión popular sólo habla de una (con la cual le basta). Fué el primer engendro del maldecido vínculo de Tau y Kerana . Dominaba en las cavernas, a las que según algunos dichos arrastraba a sus víctimas para devorarlas, pero no es esto generalmente aceptado entre los grupos tribales Guaraní, quienes afirman que este duende sólo se alimentaba de frutas y miel, siendo protector y beneficiador de los frutos dorados de la selva. Se lo menciona también como genio protector de las riquezas yacentes en el suelo Guaraní. Su piel adquirió brillo revolcándose en el oro y las piedras preciosas de Itape.

No había llegado a adquirir ferocidad. Refiere la etno narrativa que un indiecito lo llevaba del collar a beber a la cristalina corriente de un arroyo de la comarca. Al respecto agrega Rosicrán que este indiecito era el hermano menor de Teju, Jacyjatere‚ quien gustaba de llevarlo al lago hoy llamado Ypacarai, ya al Ypoa, o al arroyo Avay. cabe agregar por ser oportuno, que la ciencia cree hallar fundamento a este mito en la existencia del Teju Pyta , lagarto colorado, cuya existencia se ha comprobado en esta área subtropical, hasta el Río de la Plata.

#Mitología del Paraguay: Ñandutí (leyenda)

(Narrador)

   Cuentan que había una vez un muchacho, hijo del Jefe de la tribu que por fuerte y veloz se lo llamaba "Ñandú Guasú".[1]

   Un día se dió cuenta que estaba profundamente enamorado de una muchacha joven y hermosa. Ellos habían crecido juntos. Muchos muchachos que andaban por ahí estaban interesados también en ella y Ñandú Guasú, al darse cuenta de eso, ya quería casarse rápidamente con ella.

   Esa muchacha le dijo: 
– Nos casaremos si me traes un obsequio de verdad, que sea diferente de los demás, un presente bello y por consiguiente que no pueda ser reemplazado,[2] así me demostrarás tu amor –le dijo.

   Así dijo también la muchacha a los demás muchachos. En poco tiempo se juntaron en su casa tantas cosas bellas que llegaban de los alrededores.

   Se le traía collares hechos de plumas multicolores de aves, acaso si no eran aretes de piedrecillas brillantes o de origen cristalino.

   También le traían esas pulseras de todo tipo tejidas de esterillas, y esas flores de las más bellas de nuestros bosques verduzcos.[3] Pero de entre esos regalos ninguno provenía de Ñandú Guasú.

   A Ñandú Guasú no se lo vió más por allí. Había ido por el bosque a buscar algo bello que pueda ablandar el corazón de la muchacha. Sólo quería encontrar alguna cosa que pueda traer y ver si sensibilizaba a su amada.

   Cuando andaba por lo lejos, como quien algo ha perdido, de pronto encontró al Duende Bondadoso del Bosque que estaba tejiendo una tela entramada brillante que lucía con los colores del sol.


   Ñandú Guasú esperó que se termine el tejido por la rama de un árbol[4], y cuando iba a tomarlo para llevárselo a su amada, se le acercó "Yasý Ñemoñaré",[5] que andaba también entusiasmado por la muchacha. Allí mismo se enfrentaron en una larga pelea.

   Ñandú Guasú doblegó a Yasý Ñemoñaré y cuando iba a tomar el preciado tejido, trabajo del Duende Bondadoso del Bosque, se soltaron los hilillos y se deshizo la obra en sus manos.

   Después de mucho intentar, Ñandú Guasú quedó nuevamente sin nada. Se sentó por eso sobre un tronco seco acostado a pensar.

   Estando así, vio de pronto a su anciana madre venir hacia él con la intención de ayudarlo. Viendo lo que suedió a su hijo, procedió a arrancar sus cabellos blancos y empezó a tejerlos.

   Tejió de esa forma una obra preciosa, muy parecida a la del Duende Bondadoso del Bosque, y que podía ser acariciada y fregada sin deshacerse.

   A la luz del sol, el tejido se contagiaba de variados colores, rojo, amarillo, azul, blanco y se transformaba en un tejido adormado brillante al que llamaron "Ñandutí". Esto significa "canas de avestruz".

   Por esto también llamaron ñandú a esos animalillos[6] que andan por los bosques tejiendo algo parecido al trabajo de la anciana.

   Desde aquella vez las nuevas generaciones de mujeres, hasta las señoras, señoritas y niñas incluso, descendientes paraguayas, hacen este bello trabajo que no deja de ser admirado y que resplandece como el sol, con colores que lo adornan con donaire y que deslumbra nuestros ojos con ternura y alegría.[7]


[1] Ñandu Guasu significa "avestruz". Los traductores no estimaron conveniente traducir este nombre propio, más allá de acentuarlo para leerse en español igual que en guaraní.
[2] Tekovia, mejor que simplemente ser reemplazado, indica dejar de absorver el sentimiento de los demás, por el objeto o persona a que se refiere.
[3] Al parecer, en el guaraní original no existe diferencia entre los colores verde y azul (ambos son hovy), a pesar de que los dos colores pertenezcan a la naturaleza. Sin embargo, modernamente se llama hovy al azul, y hovyũ al verde.
[4] Se refiere a Ñandú Guasú esperando sentado en la rama del árbol, y no al tejido extendido en ella.
[5] Jasy Ñemoñare significa exactamente "Descendiente de la Luna", o simplemente "Hijo de Luna" (respetando en este caso las mayúsculas, debido a la deidad que los primitivos asignaban a la luna).
[6] En guaraní también se llama ñandu a la araña, ñandurenimbo al hilo de araña, y ñanduti a la tela (red) de araña.
[7] Es posible que se peque de excesivo patriotismo, pero aquí se está refiriento a un tejido muy ralo de hilo, el ñandutí, hecho exclusivamente a mano y de manera muy artesanal. Los métodos antiguos se mantienen hasta hoy: una ciudad de Paraguay, llamada Itauguá, mantiene vigente esa tradición.


Fuente: [ILP1:99]. Traducido al español por Carlos A. Ferreiro y Eduardo Dietrich
Comentado por Manuel F. Fernández - © www.guaranirenda.com - 200

La leyenda del origen de la Mandioca / Mandi'o ypy (mombe'upy)

   La bella hija de un jefe indio, adorada por sus padres, inocente como una paloma y un símbolo verdadero de la castidad pura, apareció un día con las señas inequívocas que preceden a la maternidad

   El jefe de la tribu, presa de una gran indignación, en vano pregunta quién era el causante de su desgracia. La joven nada pudo explicar. El padre entonces la amenazó con la pena de muerte, pero ni aún así obtuvo respuesta. Entonces la joven fue hecha prisionera y condenada.

   Y ocurrió que la noche precedente a la ejecución, el jefe tuvo un sueño extraño, se le apareció un ser misterioso, blanco como la nieve, de las cordilleras, quien le dijo que debería considerar virgen a su hija, a pesar de su estado. "Ella no tiene la culpa, ¡no es culpable tu hija!", dijo la aparición.

   El padre asombrado hizo caso a las palabras de la aparición, y revocó la pena capital. La muchacha dio a luz a una niña y murió. La criatura, llamada "Maní", fue la alegría de todo el pueblo indio.

   Era hermosa como una flor del campo, alegre como un pájaro del bosque, y siempre estaba cantando, bailando y riendo, pero ¡ay!, no sobrevivió muchos años a su madre, y pronto se fue para siempre.

   Su muerte fue motivo de un duelo inmenso para toda la tribu. La sepultaron al pie de un gran árbol a orillas de la selva virgen. Al poco tiempo aparecieron sobre su tumba las hermosas hojas de una planta extraña, completamente desconocida hasta entonces.

   Cuando la planta hubo crecido, los indios descubrieron raíces que tenían una carne blanca de sabor exquisito, y entonces comprendieron que el pueblo indio había sido visitado por un mensajero de los dioses, y que ese ser misterioso estaba ofreciendo ahora su carne a la tribu.

  La planta recibió el nombre de "Maní ro'o" (carne de Maní), y tal fue el origen de "Mani'o", o Mandi'o.

Autor: (desconocido)


   Mitãkuña neporãva kasíke rajy, ijypy kuéra ohayhuetereíva, pykasúicha imarã'ỹva ha py'a potĩ mbyechaukaha teetéva, ogueroko'ẽ sapy'a umi pore nañanembotavýiva ohechaukáva hyeguasuha.

   Upe kasíke, ipochyetereihápe, oporandu randu reipa mávapa ojapo hese upe mba'e vaiete. Pe mitãkuña mba'eve ndikatúi omombe'u. Upéramo itúva oja'ovaihápe he'i chupe ojukataha, ha upeichavérõ ndorekói ñe'ẽmbojevy. Upémaramo mitãkuña ho'a itasãme ha oñemoangaipa.

   Ha upe jejuka pyhare ambuépe, kasíke oreko kuri kerayvoty iñambuéva, ou ndaje ichupe ikérape peteĩ tete herunguáva, morotíva amangu'i ro'ýicha, yvytyrusúgui, he'íva ichupe ohecha va'erãha itajýrape imara'ỹramo, jepe hyeguasu hína. "Ha'e naiñangaipái, naiñangaipáiko nde rajy", he'ije upe anga.

   Upe túva ñemondýipe ojapo he'i haguéicha ichupe upe mba'e, ha ndojapoukái upe jejuka. Mitãkuña omoheñói peteĩ mitãkuña'íme ha omano. Upe mitãkuña'i, hérava "Mani", ombovy'a kuri oĩháicha ava kuérape.

   Ha'e yvoty ñúicha iporã kuri, hory guyra ka'aguýicha, ha akóinte opurahéi, ojeroky ha opuka, hákatu áina!, ndoikovéi heta ary isy'ỹre, ha pya'énteko ohóma avei ndouvéi haĝuaguihápe.

   Upe ñemano hetaiterei ndaje oñembyasy kuri ijava retãme. Oñoty chupe hikuái peteĩ yvyra ypýpe oíva ka'aguy rembére. Ndahetái ára uperire osẽ ityvy árigui heta yvyra ra'y rogue porã porã iñambuéva, avavete voi ndoikuaáiva upérõ mba'épa hína upéva.

   Okakua rire umi yvyra'i, ava kuéra otopa hapo orekoha so'o morotĩ hetereíva, ha upe guive oikuaa hikuái ou hague Tupã remimondo hendápe kuéra, ha upe teko ndojekuaáiva ome'e hague ko'ãnga ho'o mayma ava kuérape ĝuarã.

   Upe yvyra ra'y oñembohéra kuri "Mani ro'o", ha upégui ningo osẽ "Mani'o", térã Mandi'o.

Apohára: (ndojekuaái)

Traducido al guaraní por Manuel F. Fernández - © www.guaranirenda.com - 2002
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